Estaba hace una semana en la playa y oí en la sombrilla de al lado la siguiente conversación. No tiene desperdicio:
- ¡Ay Maruja lo que le ha pasado a la Loli!
- Paquita, cuenta… ¡que me dejas en ascuas!
- ¿Sabes que se casaba la semana pasada, no? Pues bien, el novio le había dado un ultimátum, o le hacía una chuparraíta la noche de bodas o la anulaba.
- Ja, Ja… con lo melindri que es, ¿y qué hizo?
- La nena estaba asustaíca, y le explicamos que lo importante era la suavidad y los movimientos guturales cuando el asunto estuviera dentro, y como la pobre es tan cortita y no se enteraba, la Manoli se lo puso fácil, le dijo que moviera la boca en ese momento como si dijera:
HOOOONOOOOOLUULUUUU, HOOOONOOOOLUULUUUU
- No puede ser, Paquita…
- Sí, prueba a decirlo tú, ¡verás!
- ¡Ay! ¡Cómo se entere mi Manolo me hace probarlo! Ja, Ja… ¿Y qué paso después?
- Bien, la Loli decía que no se iba a acordar, qué qué coño de palabra era esa que tenía que decir, y le dijimos que ¡cómo no sabía el nombre de una playa tan famosa de arena fina! Y ya lo vió un poco más claro.
- Conociendo a la Loli, me temo lo pedor…
- Efectivamente, al día siguiente llamó a la Juani, todo cabreada, ya que el novio le había echado una bronca de tres pares de narices.
- La cagó, seguro…
- Ja, Ja… atenta, con los nervios del momento, se confundió de playa, y como a veces ha venido con nosotros en ésta, y también es de arena fina, se le vino instantáneamente el nombre a la cabeza y empezó a decir:
¡MATALASCAÑAS, MATALASCAÑAS!
P.D.: Que levante la mano la persona que no haya movido la boca para decir Honololulu…
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