Manolo trabajaba como un burro, toda la semana… lo único que le hacía feliz era saber que los sábados eran suyos.
Como un sábado más, se levantó muy temprano, feliz se puso la ropa apropiada, y, tratando de no hacer ruido para no despertar a su esposa, salió del dormitorio, bajó las escaleras, para luego tomar un desayuno completo, subir a su coche y dirigirse al campo de golf.
Encendió la radio en el justo momento en que daban el parte meteorológico:
“Tormentas eléctricas y lluvias durante toda la mañana“.
Una mueca de fastidio llenó su ilusionada cara y tras pensarlo unos instantes, dió la vuelta y regresó a su casa. No era cuestión de jugarse la vida por una partida de golf. Por el camino de vuelta la tormenta empezó a descargar como era previsto.
Pensando en que su mujer seguía aún acostada, guardó el coche en el garaje, subió al dormitorio, se quitó la ropa deportiva , tratando de no hacer ruido, para luego deslizarse entre las sábanas hasta quedar pegado a la espalda de su esposa y susurrarle muy dulcemente:
“Amor, hay una tormenta terrible”….
Y ella, con su voz más sensual, le respondió:
“Y el gilipollas de mi marido, jugando al golf…“
En fin, pobrecito… si le hubiera pasado hoy le hubiera recomendado que se pasara por el día del calentón para que distrajera su mirada un poco…
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